Valdecamellas Valdecamellas
Valdecamellas · Ribera del Duero

EL VIÑEDO

diecinueve términos de Tempranillo y Albillo Mayor entre 830 y 870 metros de altitud, donde el tiempo se mide en vendimias y cada cepa cuenta una historia.

Desliza
Patrimonio vitícola
diecinueve términos

Un patrimonio
vivo

Los viñedos de Valdecamellas suman diecinueve términos —treinta parcelas en total— repartidos por tres municipios privilegiados: Fresnillo de las Dueñas, Fuentespina y Fuentelcésped. Cada término es un nombre antiguo de la tierra que cubre de una a cuatro parcelas contiguas; la casa las labra, las vendimia y las anota por ese nombre. Un porcentaje alto de las parcelas no llega a la hectárea, lo que revela un viñedo fragmentado que hay que trabajar de una en una, a escala humana, por las mismas manos cada año.

Escondidos entre estas parcelas hay verdaderos tesoros: viñedos centenarios que sobrevivieron a la devastadora plaga de filoxera que arrasó Europa a finales del siglo XIX. Son cepas sin injertar, un patrimonio genético de valor incalculable que aporta a nuestros vinos una complejidad y una profundidad irrepetibles.

El 80% del viñedo tiene una edad media superior a los 50 años. Estas cepas han aprendido a hablar con la tierra, hundiendo sus raíces en busca de agua y minerales, y dan rendimientos bajos de una concentración extraordinaria. Cada parcela tiene su nombre, su historia, su microclima.

0parcelasMicroparcelas
0añosEdad media
0Municipios
El terruño

Donde el suelo
habla

Nuestros viñedos están plantados sobre suelos franco-arenosos compuestos de arena (63-67%), limo (19-23%) y arcilla (13-16%). Son suelos bien drenados, pobres en nutrientes y en materia orgánica, que obligan a la vid a trabajar durísimo. La raíz penetra en profundidad buscando agua y minerales, y esa lucha se convierte en uvas pequeñas de piel gruesa y una intensidad extraordinaria.

Arena65%
Limo21%
Arcilla15%
800–950m Altitud · Entre los viñedos más altos de la Ribera

A esta altura las noches son frescas incluso en pleno verano. La oscilación térmica diaria puede superar los 20 °C: los días cálidos empujan la maduración, mientras las noches frías conservan la acidez natural de la uva. Ese contraste es el secreto de nuestros vinos: concentración sin perder frescura, potencia sin perder elegancia. Es lo que los franceses llaman terroir y lo que nosotros llamamos, sencillamente, nuestra tierra.

El terruño
Tinta Fina

La reina
de la Ribera

Dos variedades y ninguna más. Tempranillo —Tinta del País aquí— para el tinto, y Albillo Mayor, la uva blanca autóctona que la denominación no admitió hasta noviembre de 2019, para el blanco que lleva el nombre de la familia.

El Tempranillo de altura desarrolla una piel excepcionalmente gruesa gracias a la intensa radiación solar y a las noches frescas. Esa piel concentra polifenoles — taninos y antocianos — en mayor cantidad que en zonas más bajas. La maduración lenta a esta altitud permite que los taninos polimericen de forma natural, y se vuelvan más dulces, más sedosos y más elegantes en boca.

Cada parcela aporta matices distintos. Las más arenosas dan vinos fragantes y delicados. Las de más arcilla, vinos más estructurados y profundos. Sería más justo hablar de Tempranillo en plural: hay tantos Tempranillos como parcelas, tantas voces como cepas. Con el Albillo ocurre lo mismo.

Clima continental extremo
Continental extremo

Forjado
por el clima

El clima de la Ribera del Duero es continental extremo con influencia atlántica. Los inviernos son largos y duros, con heladas frecuentes que pueden bajar a -15 °C. Los veranos son secos y calurosos, con temperaturas diurnas por encima de los 35 °C.

0h
Sol al año
0l/m²
Lluvia
0°C
Oscilación térmica

La lluvia anual apenas alcanza los 450 litros por metro cuadrado, concentrada sobre todo en primavera y otoño. Nuestros viñedos reciben más de 2.400 horas de sol al año, una irradiación intensa que, combinada con la altitud, intensifica la fotosíntesis y la acumulación de compuestos aromáticos y polifenólicos en la uva.

Nueve meses de invierno y tres de infierno, dice el refrán castellano. Ese rigor climático, que le complica la vida a la vid, es paradójicamente lo que hace grandes a nuestros vinos. La cepa estresada, la que lucha, es la que da las uvas más nobles. No es una tierra fácil, ni para el viticultor ni para la vid. Pero justamente esa dureza cincela vinos de fuerte personalidad, profundos y capaces de envejecer décadas en botella sin perder frescura ni carácter.

De enero a octubre

Un año en el viñedo

Diez meses de trabajo paciente en los que cada gesto sobre la cepa se convierte, mucho después, en una copa de vino.

Enero · FebreroPoda de invierno
Con la vid dormida, los viticultores dan forma a la planta y seleccionan los sarmientos que llevarán los mejores racimos.
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Marzo · AbrilLloro y brotación
La savia empieza a correr, las yemas se hinchan y aparecen los primeros brotes verdes. Es un momento crítico: una helada tardía puede destruir la cosecha.
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Mayo · JunioFloración y cuajado
Las diminutas flores de la vid se polinizan y se convierten en pequeñas bayas. Se realizan el despunte y el aclareo de racimos.
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Julio · AgostoEnvero
La uva cambia de color y pasa del verde al morado profundo. Comienzan la acumulación de azúcar y la maduración fenólica.
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Agosto · SeptiembreLa vendimia
El momento culminante del año. Diecinueve términos no maduran el mismo día: cada uno se vendimia en su punto y entra en bodega en menos de una hora.
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Y después, cuando entra la última caja en la bodega, empieza otro ciclo — el ciclo del vino. Pero esa es otra historia.