EL VIÑEDO
diecinueve términos de Tempranillo y Albillo Mayor entre 830 y 870 metros de altitud, donde el tiempo se mide en vendimias y cada cepa cuenta una historia.
Un patrimonio
vivo
Los viñedos de Valdecamellas suman diecinueve términos —treinta parcelas en total— repartidos por tres municipios privilegiados: Fresnillo de las Dueñas, Fuentespina y Fuentelcésped. Cada término es un nombre antiguo de la tierra que cubre de una a cuatro parcelas contiguas; la casa las labra, las vendimia y las anota por ese nombre. Un porcentaje alto de las parcelas no llega a la hectárea, lo que revela un viñedo fragmentado que hay que trabajar de una en una, a escala humana, por las mismas manos cada año.
Donde el suelo
habla
Nuestros viñedos están plantados sobre suelos franco-arenosos compuestos de arena (63-67%), limo (19-23%) y arcilla (13-16%). Son suelos bien drenados, pobres en nutrientes y en materia orgánica, que obligan a la vid a trabajar durísimo. La raíz penetra en profundidad buscando agua y minerales, y esa lucha se convierte en uvas pequeñas de piel gruesa y una intensidad extraordinaria.
La reina
de la Ribera
Dos variedades y ninguna más. Tempranillo —Tinta del País aquí— para el tinto, y Albillo Mayor, la uva blanca autóctona que la denominación no admitió hasta noviembre de 2019, para el blanco que lleva el nombre de la familia.
Forjado
por el clima
El clima de la Ribera del Duero es continental extremo con influencia atlántica. Los inviernos son largos y duros, con heladas frecuentes que pueden bajar a -15 °C. Los veranos son secos y calurosos, con temperaturas diurnas por encima de los 35 °C.
Un año en el viñedo
Diez meses de trabajo paciente en los que cada gesto sobre la cepa se convierte, mucho después, en una copa de vino.
Y después, cuando entra la última caja en la bodega, empieza otro ciclo — el ciclo del vino. Pero esa es otra historia.