El año tiene una pausa, y casi todo cabe ahí
Entre la caída de la última hoja y la primera savia que sube hay un intervalo de unas once semanas para el que este oficio nunca ha construido un nombre propio. No tiene ningún gesto que fotografiar ni un momento en el que algo ocurra visiblemente — y sin embargo, cualquiera que haya pasado aquí cuarenta inviernos señalará este hueco del calendario como las semanas que deciden el vino.
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